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  2. Exposición 'La Vida no basta'
Xabier Egaña

Información

Muestra que recorre más de cincuenta años de la espectacular obra del artista Xabier Egaña.

El título de la exposición, ‘La Vida no basta’, quiere indicar, a juicio del autor, que en la vida hay que hacer cosas y no solo pasar por ella. Con esta premisa Fundación Vital ha programado este extenso recorrido de más de cinco décadas con el que se repasa toda la trayectoria de Xabier Egaña (Las Arenas, 1943) a través de sus diferentes etapas. Desde sus primeros recuerdos de infancia junto a la Ría de Bilbao, pasando por su compromiso con la vida religiosa en el espíritu franciscano, y su posterior implicación docente en artes plásticas.

La obra de Egaña es prolija y diversa en técnicas, materiales y formatos, intuitiva y experimental, rápida de ejecución, con una sensibilidad innata que guía su mirada. Muchas cosas se han quedado fuera de esta exposición que reúne 65 piezas, muchas de ellas nunca antes exhibidas, pero lo que se enseña permite claramente identificar la magnitud y calidad de su obra y su ingente trayectoria. En este sentido, por primera vez se van a mostrar al público algunos de los libros de autor que Egaña ha ido elaborando a lo largo de su trayectoria y que son parte de su lenguaje más íntimo y personal, donde el autor refleja ideas y emociones, donde boceta, recoge y plasma sus inquietudes y reflexiones.

La exposición contará con un atractivo extra, ya que el propio Egaña ofrecerá la posibilidad de verle trabajar en vivo pintando un mural en la sala e interactuando con los visitantes de la muestra. Se le podrá ver de viernes a domingo en el horario de apertura del centro de exposiciones Fundación Vital.

La muestra hace un recorrido por diversas épocas. La primera se refiere a sus inicios, formación y estímulos, y recorre el periodo 1962-1969. Xabier Egaña nació recién terminada la Guerra Civil y a las puertas de la Segunda Guerra Mundial. Es el primero de cinco hermanos, dentro de una familia creyente, cristiana y obrera, y con diecisiete años decidió seguir la vida religiosa en la orden franciscana. En 1962 realizó estudios de filosofía en Olite, donde se encontró con el reconocido pintor franciscano X. Álvarez de Eulate, determinante en su formación artística. Estando en Olite descubrió también la obra abstracta y matérica de Lucio Muñoz, que había concluido la decoración mural del ábside de la Basílica de Arantzazu. La mayoría de las obras realizadas por Egaña en esos años, llevan la influencia inequívoca en estilo y técnica de Muñoz. En esa época recibió un gran impacto al ver fotografías de las pinturas de Marc Chagall para la bóveda de la Ópera de Paris. La fuerza poética, el lirismo expresivo y la explosión en el uso del color de Chagall marcaron inequívocamente su obra y estilo futuro. En 1968, Jorge Oteiza regresó a Arantzazu para concluir la estatuaria de la fachada de la Basílica, rematando el Apostolado y definiendo la Piedad. Egaña frecuentaba el taller del escultor, creándose una relación de amistad y aprecio mutuos por largos años.

Hacia un estilo propio (1970-1975)

Concluida su formación franciscana, se ordenó sacerdote en 1969. A comienzos de los setenta Egaña fue destinado a Madrid coincidiendo con el ocaso del régimen franquista. En esta etapa volvió su mirada a Goya reinterpretando los fusilamientos, de cuya obra realiza numerosos estudios. Otro referente en estos momentos es Rembrandt. En 1976, a sugerencia de Oteiza y por estar en contacto en él, reside en Pamplona. Allí aprendió la técnica del grabado con el reconocido pintor y grabador Eslava. De esa época y aprendizaje se muestran algunos grabados realizados sobre plancha de zinc. Será un momento donde el artista explora una manera de hacer propia, en clave expresionista, mezclando la iconografía religiosa-cristiana con los avatares socio-políticos del momento, configurando un estilo personal y reconocible.

Camarín de la Virgen de Arantzazu (1976-1978)

Tras recibir el encargo para la decoración mural del Camarín de la Virgen en la Basílica de Arantzazu, entre 1976 y 1978 realizó multitud de bocetos. En 1978 ejecutó las pinturas murales cuyo tema global era la historia de la humanidad. Sin duda, estos murales constituyen un hito en su trayectoria artística, y fue un ciclo donde alcanzó plena madurez en su quehacer pictórico, donde desplegó toda la fuerza telúrica de su estilo expresionista, de raíces religiosas y humanísticas.

Experimentación matérica (1980-1986)

En 1980, tras el asesinato en El Salvador de Monseñor Romero mientras celebraba misa, Egaña cogió lo que tenía a mano, una toalla vieja, y realizó un collage como homenaje. Sería el inicio de una etapa fructífera, una serie de obras, donde experimentó, en clave abstracta, con el ensamblaje de telas, composiciones arriesgadas y colores intensos. Utilizó vestimentas litúrgicas en desuso, material poco habitual, pero de innegable potencia expresiva. Se abrió entonces una de las etapas más fructíferas y potentes en toda su trayectoria. Siguió desarrollando obras con la técnica del ensamblaje, donde intercala telas y maderas con pintura, destacando el tríptico Ikaroren tresna. También la serie de cruces con palos y trapos, llegando más adelante a las ventanas-tótem, de carácter escultórico, en madera policromada.

Familia y personas (1987-1990)

En 1986 dejó la orden franciscana tras veintiséis años de vida religiosa. Transformó  su experiencia vital para formar una familia. Fueron años de repliegue para el pintor en el disfrute pleno de su vida familiar en los que realizó, fundamentalmente, pinturas sobre lienzo y también emprendió una experimentación en múltiples proyectos, de carácter más escultórico, para espacios abiertos que reflejó en maquetas a escala. Fueron proyectos que en su mayoría no se ejecutaron, pero que permitieron al artista un desarrollo espacial y colorista en otras claves.

Injusticia y sufrimiento humano (1991-1999)

Los primeros años noventa son convulsos en Europa, por la descomposición de países de la órbita soviética. En este escenario, Egaña vuelve de nuevo a poner el punto de mira temático en el sufrimiento de la persona, espoleado por las noticias e imágenes que se publican de esos conflictos bélicos. Son representativas de este periodo obras como Croacia,Un Cristo para Bosnia, Cruces, cementerio y aldaba y los collages La poesía de las flores, Hacer algo con La Menina y Orgullo nacional.

El arte pasado como pretexto (2000-2009)

En la primera década del siglo Egaña vuelve su mirada a obras señeras del arte, donde retoma con fuerza la técnica del ensamblaje, utilizando materiales reutilizados, maderas, chapas, zinc, latón y cobre, combinadas con dibujos sobre papel y pinturas en varias técnicas y soportes. Un compendio de plena libertad creativa donde todo puede ser combinado y ensamblado al servicio de nuevas composiciones plásticas. Nacen así recreaciones de obras icónicas de la pintura occidental, como relectura de los grandes maestros como Botticelli, Rubens, Tiziano, Velázquez, Manet y Picasso…Gernika gogoratuz.

Pinturas para la vida (2010-2017)

En 2010 le proponen realizar un nuevo ciclo de pinturas murales para decorar las paredes interiores de la Iglesia de San Miguel en Antezana-Andetxa, una obra que cuenta con el apoyo de Fundación Vital. Egaña la afronta con gran motivación en un momento de plena madurez. Emprende así una tarea titánica, a pesar de su edad, que alentará sus motivaciones a lo largo de dos años de bocetos (2010-12) y otros cinco de ejecución. Casi desde el inicio titula este ciclo mural como Pinturas para la Vida, una gran obra muralista que Xabier Egaña ha regalado al pueblo de Antezana-Andetxa y, por extensión, al patrimonio cultural vasco.